Thursday, November 1, 2007
La solitaria y melancólica luna
La solitaria y melancólica luna derramó su luz tenue en las piedras ásperas del viejo castillo. Hacía muy frió pero ella estaba de pie en el acantilado mirando el cielo sin verlo. Su largo pelo era tan negro como la noche y soplaba con el viento. No podía sentir el frío del aire sino sólo el frío de su alma y su corazón. Él estaba ido para siempre y nunca iba a verlo otra vez. Sus lágrimas se mezclaban con la lluvia que empezaba a caer y, sin una mirada atrás, anduvo hacia delante para que su alma pudiera estar con la de su amada.
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